Aquiles, hijo divino de la diosa Tetis, es todo lo que Patroclo no es: fuerte, apuesto y talentoso en las artes de la guerra. A pesar de sus diferencias, Aquiles toma bajo su protección al lastimoso príncipe y de esta relación nacen una sólida amistad y un lazo profundo.
Ambos jóvenes se entrenan juntos y se convierten en guerreros hábiles y temidos, pero el destino está siempre cerca de los talones de Aquiles. Cuando se extiende la noticia del rapto de Helena de Esparta, se convoca a todos los hombres de Grecia para asediar la ciudad de Troya. Aquiles, seducido por la promesa de un destino glorioso, se une a la guerra, y Patroclo, dividido entre el amor y el miedo por su compañero, lo sigue hasta la ciudad sitiada.
Lo que ninguno de ellos imaginaba es que los años siguientes pondrán a prueba todo lo que han aprendido, todo lo que valoran profundamente, y el sacrificio y la lealtad que definirán su destino.
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