«La clase de griego es impresionante. En humanidad, en lenguaje, en las formas del dolor y el silencio dentro y alrededor de nosotros. Han Kang siempre es una de las escritoras más lúcidas: ensancha el cielo de los sentimientos». Max Porter
En Seúl, una mujer asiste a clases de griego antiguo. Su profesor le pide que lea en voz alta, pero ella permanece en silencio; ha perdido la capacidad del lenguaje, así como a su madre y la custodia de un hijo de ocho años.
El profesor, que acaba de regresar a Corea después de pasar media vida en Alemania, también afronta pérdidas: su vista empeora irreversiblemente a cada día que pasa, y convive con el miedo de saber que, cuando llegue la ceguera total, perderá toda autonomía.